La Stazione Centrale de Milán (Estación Central) es la principal estación ferroviaria de la ciudad. Fue inaugurada en 1931 y es una obra maestra arquitectónica que mezcla neoclasicismo, liberty y art déco, con una fuerte impronta del régimen fascista que gobernaba Italia desde hacía varios años en aquella época.

La fachada es monumental y en una terraza destacan dos enormes caballos alados. Todas las estancias, incluido el interior (muy concurrido), están inspiradas en los monumentos del Imperio Romano. Las salas interiores están decoradas con diversos motivos y estatuas, algunas de yeso y otras de hormigón.

En raras ocasiones, es posible visitar el Padiglione Reale (Pabellón Real), una zona de la estación que estaba reservada a la familia real italiana y su corte, con una rica decoración de mármol. Desgraciadamente, sólo está abierto al público cuando acoge exposiciones o en ocasiones especiales.
Dentro de la estación se encuentra el Monumento al Holocausto, cerca de un antiguo andén, el número 21, desde el que partían los trenes que llevaban a los deportados judíos a los campos de exterminio nazis.